“Fall has come again, bringing the leaves to the ground, ‘nother year’s gone away, nothing’s changed in this town.”Tourniquet, “Pushin’ Broom”
Otro fin de año ha llegado, y otro año nuevo está en el umbral de la puerta, esperando pasar. Es en estos momentos cuando tradicionalmente uno se pone a analizar todo lo que hizo, todo lo que logró, todo lo que no logró, y demás. Es en estos momentos cuando uno se da cuenta de su propia mortalidad, de lo efímero de nuestra existencia mortal. Por estas razones, estos períodos suelen acarrearle ciclos depresivos a ciertas personas, y se suele decir que la tasa de suicidios aumenta en estas fechas (aunque aparentemente las estadísticas apuntan a lo contrario). Sea como fuere, vuelvo a hacer hincapié en esto del análisis.
Hay quien dice a cada año: “este año descubrí quiénes son mis verdaderos amigos: la gente nueva que acabo de conocer”, demostrando que siempre repite el error de confiar en gente nueva, y descartar a los que ya conoce (porque probablemente lo conocen demasiado para su propio bien). Luego están los que, como yo, refuerzan el valor de los amigos que siempre han estado, y dan la bienvenida a los nuevos, que han venido para engrosar las huestes: amigos es algo de lo que nunca se puede tener demasiado. La gente como yo, también valora los reencuentros; cuando se tiene una personalidad tormentosa (¿atormentada?) como la mía, suele suceder que uno lastima inadvertidamente a uno o a otro. Cuando la otra persona decide regresar, volver a pesar de la ofensa, siempre es motivo para la algarabía.
El cambio de año es, también en muchos casos, un momento de refresco, de comenzar de nuevo. De dejar atrás algunos aspectos del pasado, de reforzar otros. De tirar a veces objetos que nos pesan sobre los hombros, objetos que nos atan a un pasado absurdo, y de atesorar otros, que nos recuerdan una dura lección que no hay que olvidar, o un momento hermoso que uno quiere conservar en la memoria. Es un momento de promesas vacías a la nada, que a veces se cumplen, pero generalmente no, y es un momento de decisiones, que suelen, también, caer por la borda cuando termina la primera semana de Enero. Es el momento en que uno se permite llamar a aquellos a los que no ha visto hace mucho tiempo, y tenía miedo de llamar, porque no había razón tangible para hacerlo. Es el momento, también, de que el ego se alimente cuando éste o aquél nos llaman inesperadamente.
Muchas veces me he esforzado en ser distinto. A veces, por despreciar a la norma, a veces por el solo hecho de ser distinto. Creo que, a esta altura, soy distinto en lo que soy distinto, y soy igual en lo que soy igual, y quien me conoce bien, se dará cuenta. Aprovecharé, por tanto, esta ocasión, para ser igual que otros, y dedicarme a esta reflexión de cambio de año.
Este año ha sido, para mí, uno de esos años pivotales, donde hay muchos cambios, donde hay mucho de nuevo, donde hay mucha ruptura con lo viejo; un año de revelaciones, un año de inflexión, si se quiere. Tuve momentos de mis peores, y de mis mejores, en este año. He dado varios pasos hacia delante, en este incierto camino de la vida. He aprendido un poco más a aceptarme, y a aceptar a otros, si bien no siempre es fácil.
Este ha sido un año de algunos reencuentros, y algunos desencuentros, un año con muchos altibajos, pero, en balance, positivo. Gracias a todos los que me ayudaron, a todos los que hicieron de este un año súper-disfrutable. Gracias a todos los que estuvieron, están, y seguirán estando. Gracias por hacer que la vida sea tan maravillosa, y valga la pena ser vivida, y sus lecciones aprendidas.
Miles de gracias una vez más, y feliz año nuevo!

