Seguramente recordarán el clásico episodio de los Simpson en que Charles Montgomery Burns decide vender su planta de energía nuclear a un consorcio de alemanes; "Yo ser de Alemania Occidental, y tener gran compañía, él ser de Alemania Oriental y tener gran compañía. Ahora unirnos y tener muy gran compañía".En este episodio está el clásico chiste de Homero imaginando estar en el país de los chocolates, donde le da una mordida a un poste de luz, a un teléfono, etc., hasta que llega a un local donde venden chocolate, mira asombrado y dice "¡están a mitad de precio!"
Parte del chiste del título de este episodio es que está voluntariamente mal escrito, reflejando las diferencias culturales entre los alemanes, como están representados en el episodio, con los americanos, como están representados en el episodio. El título del capítulo puede traducirse como "Burns vender el planta de energía" (el error con el artículo es intencional, ya que es similar en el original).
He notado crecientemente en los últimos años, que ha surgido una extraña germanofilia en algunos sectores. Eso no es algo malo, ya que toda apreciación de una cultura es positiva. El tema es la apreciación superficial, sin querer realmente hacer el esfuerzo de buscar un poco mejor. Por ejemplo, existe también una fascinación con el japonés, pero casi todos aquellos a los que conozco que la sienten, se han puesto a estudiar el idioma, y realmente han investigado aquello de lo que hablan.
Saber otro idioma y conocer otra cultura tiene múltiples ventajas para el ser humano, y, en lo personal, yo admiro a quien se dedica a aprender otros idiomas y conocer otras culturas.
Igualmente, es innegable que hay algo de "moderno" en estos fenómenos. En el caso del japonés, es muchas veces el contacto con el animé lo que provoca este interés, y en el alemán, creo que es por ciertas bandas alemanas que han llegado a tener una cierta popularidad en la Argentina, como pueden serlo Rammstein y Lacrimosa.
Lo que me provoca una cierta gracia, y cierta lástima, pero en general, tristeza, es que muchos, quién sabe por qué, tal vez a causa de la pereza, prefieren fingir saber el idioma, sin realmente invertir el esfuerzo de aprenderlo. Esta gente simplemente se compra un diccionario, o peor, ni siquiera gastan tanto... usan un diccionario online, y buscan palabra por palabra (o bien la frase entera, en el caso de los online), del mensaje que quieren dar, y voilà, dicen saber alemán. Cualquiera podría hacer eso, y, de hecho, cualquiera lo hace.
Le complica el esfuerzo a esta gente, que el alemán es sumamente distinto al castellano y al ingés, que son los dos idiomas más conocidos en la Argentina (el castellano es nuestra lengua oficial, y el inglés la primera y única lengua extranjera que aprende la mayoría de la gente). El alemán tiene cosas en común con ambos idiomas, pero sus diferencias suelen ser obstáculos para aquél que busca esta traducción palabra a palabra, generando todo tipo de sinsentidos y errores en las frases "traducidas". Un error clásico que surge cuando traducimos, palabra por palabra, de castellano a inglés (por dar un ejemplo claro), es: "the car blue" por "el auto azul." Esto suena horrible e inaceptable en inglés, y, realizar el mismo procedimiento en alemán genera aún más errores: "Das wagen blau". En este caso, el artículo es incorrecto, el sustantivo está en minúscula (en alemán, todo sustantivo va en mayúscula), y el adjetivo está en el lugar equivocado. En alemán existen 4 casos gramaticales, tres artículos, la posición de los adjetivos es distinta a la del castellano, etc. Todo esto se pone en el camino de aquél que simplemente busca palabra por palabra y traduce.
El punto es que, en mi opinión, hacer esto para impresionar a los incrédulos es algo bastante ingenuo, y no me parece que valga la pena a ningún nivel. Yo creo que, aquellos a los que les parezca "cool" el idioma, pueden hacer algo productivo por sí mismos e ir al Goethe Institut o buscar un/a profesor/a particular. Vale la pena. Tiene más onda decir que sabés hablar un idioma cuando realmente lo sabés.
